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Sorteo Ni en un millón de años (Bases legales)

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  1. Organizador Elisa Rivero Bañuelos, a título personal, organiza el SORTEO "un ejemplar en tapa blanda de la nueva edición del libro Ni en un millón de años". Dirección de correo electrónico: elisarivero@usal.es 2. Fechas de comienzo y terminación del sorteo Desde la publicación del post en el muro de Facebook: https://www.facebook.com/elisariveroescritora/ el sábado 23 de enero de 2021, hasta las 20 horas del jueves 28 de enero de 2021. 3. Mecánica del sorteo y requisitos de participación Se sortea un ejemplar físico en papel de la nueva edición del libro "Ni en un millón de años", de múltiples autores. Editorial Bubok, ISBN 978-84-685-5453-2 (diciembre 2020). Para poder entrar en el sorteo, los participantes deben cumplir todos los siguientes requisitos: 👍 Dar Me gusta a la publicación de la promoción en Facebook 🖋 Realiza un comentario en la publicación 📌 La dirección de envío del ejemplar debe ser en la Península Ibérica 4. Fecha de realización de la promo...

El castro del Raso (Ávila)

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Casas excavadas y parcialmente reconstruidas en el Castro del Raso. Foto de Elisa Rivero Como siempre hay que ver el lado bueno de las cosas, el cierre perimetral de Castilla y León y la falta de nieve me empujaron a la cara sur de la sierra de Gredos, terreno virgen para mí, acostumbrada a saltar con las cabras por el Almanzor. Y acabé en el castro del Raso, sobre el que os quiero hablar hoy. Dos cabras: una de Gredos y otra del Rudrón. Foto de Elisa Rivero. Entorno  Esta parte de la provincia de Ávila tiene varias particularidades que nos van a ayudar a entender la historia del asentamiento. El castro de El Raso se encuentra en la localidad de Candeleda, cerca de la pedanía de El Raso. Candeleda es el quinto municipio por población de Ávila y el segundo por extensión, pero lo que nos interesa es su altitud: 428 metros sobre el nivel del mar. La zona más cálida de Castilla y León. Desde su hermosa plaza repleta de naranjos podemos contemplar la cima nevada del pico Almanzor, con s...

Ofrenda de Navidad

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Relato dedicado a las gentes de Sargentes de la Lora, a aquellos que luchan por desenterrar nuestro pasado y mostrarlo al mundo. A Miguel, a Germán y a su equipo. Espero podáis perdonar los ajustes que he aplicado a los moradores de La Cabaña por el bien de la ficción. A Carlos, por su tesón por defender esta tierra y su patrimonio. Gracias por inspirarme Sobrerrisco y a Unai*, al que hice tan grande para que pudiera albergar un trocito de todos vosotros. *Lugar y personaje de mi última novela, El mito del bosque. Foto: Dolmen de la Cabaña (Sargentes de la Lora). Elisa Rivero Hoy, veinticinco de diciembre, Nuño ha desaparecido. En su lugar, un soplo de aire gélido se cuela desde la puerta esparciendo la nieve por el suelo de la casa, agitando los envoltorios de sus regalos.      Despierto a mi marido y a mis hermanos a gritos. Todos empiezan a llamar a Nuño por la casa, pero yo intuyo que ha salido. Mientras me calzo las botas, me acerco a inspeccionar los regalos. Hay mu...

Sobre lograr y desear

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“Cuando emprendas tu viaje a Ítaca  pide que el camino sea largo,  lleno de aventuras, lleno de experiencias”.   Konstantino Kavafis   Un borrador en un mes para añadir a mi colección de novelas sin publicar. ¿Por qué esa sensación de vacío cuando terminamos de leer un libro —no hablemos ya de escribirlo—? ¿Quién no ha pecado de remolonear en los últimos capítulos, solo para estirar la lectura una noche más? Como si, una vez cerrado, el libro se autodestruyera, muriendo en agonía sus personajes y devorando La Nada ese mundo que es de todo, menos interminable.  ¿Será por eso que nunca termino de corregir mis novelas? Una suerte de piedad sádica que maldice a Tarvos, a Ambicatus y ahora también a Deva a pasar una y otra vez tantísimas penurias, solo para poder sentarme a cambiarles el atuendo o borrar un adjetivo de sus labios. Como muñecas en una caja de zapatos. Perfeccionismo, lo llaman algunos. Deseo, lo llamo yo.  Deseo de que pueda ser otra novela, una ...

Herencia en piedra (Relato corto)

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En una colina, no muy lejos del río, descansa una roca. No es lisa y suave, como esos cantos de la orilla que el Ebro ha pulido durante miles de años, no. Es áspera, con bultos en su lomo y musgo en sus flancos que le hacen parecer una bestia al acecho. Pero ella es paciente. Está esperando algo. A alguien.  Aunque la roca es mineral, una vez fue vida. Millones de pequeños caparazones diluidos, sepultados y después cincelados por el tiempo. Ella vio las eras pasar, las plantas crecer hasta formar un bosque inmenso. Reposó a la sombra de las hayas del Hijedo y los ciervos y los jabalíes hoyaron su piel de mar fosilizado.  Entonces, llegaron los hombres. Clarearon la maleza y el musgo fue limpiado con primor, como se prepara a un niño para el bautismo. Y ella, que era vieja y creía haberlo presenciado todo, nació de nuevo. Los hombres tallaron símbolos en su piel, le susurraron historias, secretos. El sol cicatrizó las heridas y el agua de la lluvia llenó sus cazoletas. Durante ...

Abuelo (Relato corto)

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Llega un punto en la vida en el que todo lo que ves, sientes y escuchas, en lugar de hacerte crecer, solo añade marcas en la piel. Para mí, ese momento llegó hace mucho. Lo recuerdo a la perfección: está grabado a fuego en mi corteza.  La Edad Dorada, cuando hombres y bosque éramos un solo ente, ya había quedado atrás. De aquella época sabía solo por las historias de los castaños más viejos, los que he visto secarse, ser derribados y arrastrados monte abajo. Arder.  Durante dos siglos, las gentes antiguas no fueron para mí más que leyendas. Los pastores, cobijados del relente bajo mi tronco, las relataban al calor de la hoguera. Susurros en la brisa que los árboles nos preocupábamos en acallar. Para preservarlos en su olvido.  Entonces, un otoño, la vi. La mujer avanzaba por el lecho de hojas sin alentar su murmullo, bebía en el arroyo de la Yedra y éste, siempre cantarín, no se atrevía a reflejarla. Luego, se sentaba sobre las piedras cubiertas de musgo a alisar su cabel...

Bosque (Relatos de sueños)

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Llevo dos noches durmiendo en el bosque. No sé si serán las ansias de pisar la tierra, de hundir mis dedos en su epidermis de hojarasca y que el cárabo me cante los secretos que flotan entre los robles. No sé si será la luna llena, panzuda, tirando de mi savia hacia las copas más altas de la locura.  Solo sé que cierro los ojos en mi cama, en mi apartamento de Valladolid, y cuando los abro estoy allí, contemplando un gotelé de estrellas que ni las nubes se atreven a rascar. Para que yo las cuente.  La primera noche me inquieté: el trasiego de las musarañas por los capilares de la foresta, los quejidos de los murciélagos, el desfile de hormigas y escarabajos por mis piernas… Todo me desvelaba, y yo me removía inquieta en mi colchón de hojas. El despertador fue un aterrizaje de emergencia en una realidad que no comprendía. Aún con el café enfriándose en mi mano seguía preguntándome qué había pasado.  Anoche no. Llegué a mi bosque tranquila y di las buenas noches al cárabo, ...