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El Pozo del Moro - Relato Corto

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  El Pozo del Moro * Desde que te fuiste te hablo en sueños, como si siempre hubieras habitado más dentro de mí que en este mundo solitario y oscuro . Todo empezó cuando éramos unos críos, aunque no lo recuerdes. Una niña recogiendo agua en una fuente, en el manantial del pueblo de la Peña, a donde yo no me podía siquiera acercar. Una niña de cabellos negros, aún largos y sueltos. Entonabas una canción que en su momento me debió parecer insulsa, al no entenderla, pero que ahora está cargada de significado y dolor. Hay una mora encantada que canta con voz de piedra en la montaña entronada que un día de rayo lloró para trenzar con sangre los versos de hiedra y olvidar por siempre quién le trajo el amor. Yo no era más que un rapaz del páramo, relegado a vigilar los rebaños hasta que el viento me ajara las manos tiernas y el frío me rechinara en los huesos. Ese día osé bajar al valle para recuperar un cordero díscolo, y me topé con tu voz. No recuerdo qué fue del cordero. Pasaron tres ...

Otro cuento ¿de Navidad?

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Ella lleva viniendo desde siempre. Literalmente, toda una vida. Antes de que los tractores rompieran la caliza del páramo y de que los americanos revolucionaran el pueblo con sus promesas de oro negro. Antes de que se excavara el túmulo y se llevaran a los durmientes. Por supuesto, mucho antes de que un jaleo como el de hoy inundara el aire gélido del amanecer. Recorre en silencio la pista que separa el dolmen del pueblo. Antaño trotaba ligera entre la escarcha cuando apenas despuntaba la primera luz. Ahora, anciana, debe salir cuando las sombras aún tiñen el páramo, para llegar a la hora indicada. Pasito a pasito. Observa a la creciente muchedumbre que va llegando al recinto del dolmen de La Cabaña. Conoce a muchos de ellos, pero otros son nuevos. Se nota en su cara: esa perplejidad del que se sabe loco por levantarse de noche un veintiuno de diciembre. Casi puede decir quiénes repetirán. Ya llevaba muchos años presenciando el solsticio cuando el arqueólogo se presentó por primera vez...

Contrebia Leucade, de Agustín Tejada Navas – Breve Reseña

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Como soy un poco especial (por no decir caótica) con mis lecturas, me inicié con este gran escritor por la última novela de su trilogía, El último celtíbero (valga la redundancia). Para tratar de imprimirle un poco de coherencia al asunto, y pasándome las ganas de leer su recién estrenada Cruzados, he continuado con el primer libro de la trilogía, Contrebia Leucade. Como de costumbre, la editorial Pàmies sabe apostar por las buenas historias y ha hecho un gran trabajo. Los amantes de la historia antigua de España y de Roma probablemente sepan el destino de esta ciudad celtíbera, pero ello no le resta ni un ápice de emoción a la novela. El propio hilo de la historia comienza con un Kalaitos ya adulto, retornando a su ciudad natal años después del asedio. Porque en eso es experto Agustín, en asedios. Todo comienza con la llegada a Contrebia de un extraño mercader y sus esclavos, que causan una honda impresión en el joven Kalaitos. Poco se hace esperar el ejército del rebelde Sertorio, qu...

Y soñar (con tejos) - Relato corto

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Tejos de Laciana, Villablino. Foto de Elisa Rivero Bañuelos Dicen que no se quiere separar del árbol porque desde allí ve el cielo, que los días ventosos es azul. Se asoma por su tronco herido y estira el brazo muy arriba, hacia la chimenea de madera. Como si tratara de rozar la última estrella que se despide por la mañana si amanece claro. Cuentan que llegó con una excursión, buscando osos, y que en medio del bosque le visitó la locura. O quizá fue un duende o una xana el que le robó el seso. Pero yo sé que no. Dicen que un árbol que cae en el bosque no hace ruido si no hay nadie para oírlo, y ahora está ella para escucharlo todo. Escucha el cortejo del urogallo en los claros más profundos y el caminar tranquilo del busgosu cuando la niebla tiñe el valle de sueños suspendidos. Se duerme con la canción eterna del torrente que acaricia las raíces del árbol, de su árbol. Y sueña con un bosque interminable. Cuentan que no hubo forma de sacarla de allí, ni por razón ni a la fuerza. Como si...

El rito del tejo, de David Matarranz - Breve reseña

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Foto de Elisa Rivero Bañuelos Cuando Verkami (plataforma de micro-mecenazgo) me propuso participar en el crowdfunding de El rito del tejo, no titubeé, dada mi pasión por este árbol. Cuál fue mi sorpresa cuando, al leer las primeras páginas del libro, me topé con petroglifos y altares. ¿Conocéis esa sensación, cuando parece que un libro está escrito para ti? Pues eso me ha ocurrido con esta obra. El rito del tejo asombra, extraña, pero no defrauda. David Matarranz, con un lenguaje bello y pulido, te lleva de la mano por su maravilloso viaje de descubrimiento de este rito ancestral. Por las rocas del valle de Lozoya y sus tejedas ocultas. Por las cuevas decoradas de caballos, bisontes y ciervos que quizá esconden un antiquísimo lenguaje. Por lunas y años de observar la fenología de los tejos, de recoger su savia y analizarla (detalles que explica en su anterior libro, La savia del tejo, que tengo pendiente leer). Y consigue trasmitirte esa fascinación por la naturaleza, rescatar ese ant...

Los ídolos estilo Monte Hijedo

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Ídolos de Peña Lostroso (Las Rozas de Valdearroyo). Foto de Elisa Rivero Bañuelos. Los que me sigáis en redes sociales sabréis que últimamente publico muchas fotos de ídolos y aún no he explicado lo que son. Así que manos a la obra. En el campo de los petroglifos, se denominan ídolos a grabados en la piedra que representan a un humano, normalmente un guerrero, de forma muy esquemática. Suelen ser de gran porte, algunos casi a escala natural. Estos ídolos pueden venir solos o acompañados, como la pareja de la Serna o los veintidós de Peña Lostroso. Ídolo geminado o doble de La Serna (Valderredible). Foto de Elisa Rivero. Más allá de su perfil difuso, pueden portar un puñal y/o trazos más o menos geométricos que se interpretan como vestimenta. Detalle del puñal del ídolo grande de Lostroso (Las Rozas de Valdearroyo). Foto de Elisa Rivero Detalle del puñal del ídolo de Ruanales (Valderredible). Foto de Elisa Rivero. Su datación es compleja debido a la falta de contexto estratigráfico, y h...

Sígueme: Hacia arriba - Relato corto

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Segunda parte del relato " Sígueme: Hacia abajo ". Porque los finales amargos cortan las alas, y este solo es un principio. Xana dice que no debemos ir arriba, que es peligroso. Cuando alguna de las pequeñas le pregunta el porqué, ella se pierde en descripciones de monstruos, cada cuál más escabrosa. Si insistes, se enfada. Yo ya no pregunto. Sé que padre enfermó por ellos, por los de arriba. Me lo dijo él mismo entre susurros, poco después de mi llegada. Son mis primeros recuerdos. Padre enfermo, con ese fluir lento y pesado que presagiaba desgracias. Por entonces, todas me miraban con indulgencia y me dejaban acurrucarme a su lado, como si yo estuviera aún más enferma. Y me pasaba las horas inspirando el olor a tierra del techo: tierra seca con resquicios de orégano, al principio. Tierra cargada de electricidad, a punto de estallar. Tierra crepitante, pesada, empapada, que goteaba en el lago arrancando notas graves en el centro, agudas en las orillas llenas de juncos. Y yo ...