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La geografía de Tarvos: Las tribus galas

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Mapa por Ion Ander Art. En Tarvos: de Tartessos a la Galia de Elisa Rivero Bañuelos (CC). La labor de reconstruir el mapa de los pueblos galos durante el siglo VI a.C. ha sido uno de los grandes retos de mi novela “Tarvos: de Tartessos a la Galia”. Como indico en la Nota Histórica: Las tribus, las ciudades y los dioses de los galos aparecen mencionados en fuentes muy posteriores al tiempo de la novela, principalmente en La Guerra de las Galias de Julio César. El propio gentilicio “galo” y el topónimo “La Galia” son palabras de origen romano que difícilmente utilizaron los diversos pueblos celtas que ocuparon estos territorios para referirse a sí mismos, pero que se ha utilizado en la novela para facilitar la comprensión del lector. Así, tuve que investigar en profundidad para averiguar cuándo se fundaron algunas ciudades o cayeron otras, los movimientos y expansiones de los distintos pueblos, etc. Por poner un ejemplo, los famosos helvecios no aparecen en mi mapa dado que, según parece...

La geografía de Tarvos: Mapa Mundi

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Desde que empecé a escribir Tarvos sentí la necesidad de elaborar mapas: me ayudaron a clarificar toda la bibliografía que había recabado y a establecer el contexto geográfico de la novela. Ahora Ion Ander Art ha cogido mis torpes bocetos para dibujar estos preciosos mapas que espero que os guíen en vuestro viaje de Tartessos a la Galia. ¿Queréis saber un poco más de cada uno de ellos? Mapa mundi Mapa por Ion Ander Art. En Tarvos: de Tartessos a la Galia de Elisa Rivero Bañuelos (CC). El mundo de la Edad del Hierro no era tan pequeño como a veces creemos. Gracias a la arqueología y la genómica sabemos que la gente se movía desde mucho antes del siglo VI a.C.: comercio marítimo, búsqueda de nuevos asentamientos, relaciones de parentesco para afianzar las jefaturas… Sobre todo esto podréis leer largo y tendido en Tarvos. En el siglo VI a.C. se rompen algunos límites del tránsito marítimo del Mediterráneo que, sin embargo, no debían existir en épocas anteriores. Los viajes de los héroes g...

Vuelo raso por el Monasterio del Risco (Amavida, Ávila) - Relato corto

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Vuelo raso por el Monasterio del Risco (Amavida, Ávila) Siglo III a.C., Castro de Ulaca (Solosancho) Mira, Aranta. Donde muere el sol, al otro lado del valle. ¿Ves ese risco que brilla con la última luz? Allí comienza el reino de la diosa de piel blanca y ojos negros, como cielo sin estrellas ni luna. Allá marchó la abuela, y el pequeño Eburo, para pasear a los rebaños por las cañadas de Ataecina en una noche sin final… Allí, donde se pierde el sol en su día más largo, los ancestros esculpieron el símbolo de la diosa sobre la roca. Foto: Altar con petroglifos en el Risco. Foto cortesía de Jesús Caballero Arribas. Siglo VIII d.C., El Risco (Amavida) Corre, Nuño, que ya llegan. Ya alcanzan el pueblo y a sus gentes. ¡No escuches los gritos, ni huelas el humo, ni sientas el temblor de las rocas bajo las pezuñas del emisario del demonio! Nosotros custodiamos la última esperanza de su cristiandad. Aquí, en las entrañas del Risco, ocultaremos a la Virgen de las Angustias para que el Infiel no...

El Pozo del Moro - Relato Corto

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  El Pozo del Moro * Desde que te fuiste te hablo en sueños, como si siempre hubieras habitado más dentro de mí que en este mundo solitario y oscuro . Todo empezó cuando éramos unos críos, aunque no lo recuerdes. Una niña recogiendo agua en una fuente, en el manantial del pueblo de la Peña, a donde yo no me podía siquiera acercar. Una niña de cabellos negros, aún largos y sueltos. Entonabas una canción que en su momento me debió parecer insulsa, al no entenderla, pero que ahora está cargada de significado y dolor. Hay una mora encantada que canta con voz de piedra en la montaña entronada que un día de rayo lloró para trenzar con sangre los versos de hiedra y olvidar por siempre quién le trajo el amor. Yo no era más que un rapaz del páramo, relegado a vigilar los rebaños hasta que el viento me ajara las manos tiernas y el frío me rechinara en los huesos. Ese día osé bajar al valle para recuperar un cordero díscolo, y me topé con tu voz. No recuerdo qué fue del cordero. Pasaron tres ...

Otro cuento ¿de Navidad?

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Ella lleva viniendo desde siempre. Literalmente, toda una vida. Antes de que los tractores rompieran la caliza del páramo y de que los americanos revolucionaran el pueblo con sus promesas de oro negro. Antes de que se excavara el túmulo y se llevaran a los durmientes. Por supuesto, mucho antes de que un jaleo como el de hoy inundara el aire gélido del amanecer. Recorre en silencio la pista que separa el dolmen del pueblo. Antaño trotaba ligera entre la escarcha cuando apenas despuntaba la primera luz. Ahora, anciana, debe salir cuando las sombras aún tiñen el páramo, para llegar a la hora indicada. Pasito a pasito. Observa a la creciente muchedumbre que va llegando al recinto del dolmen de La Cabaña. Conoce a muchos de ellos, pero otros son nuevos. Se nota en su cara: esa perplejidad del que se sabe loco por levantarse de noche un veintiuno de diciembre. Casi puede decir quiénes repetirán. Ya llevaba muchos años presenciando el solsticio cuando el arqueólogo se presentó por primera vez...

Contrebia Leucade, de Agustín Tejada Navas – Breve Reseña

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Como soy un poco especial (por no decir caótica) con mis lecturas, me inicié con este gran escritor por la última novela de su trilogía, El último celtíbero (valga la redundancia). Para tratar de imprimirle un poco de coherencia al asunto, y pasándome las ganas de leer su recién estrenada Cruzados, he continuado con el primer libro de la trilogía, Contrebia Leucade. Como de costumbre, la editorial Pàmies sabe apostar por las buenas historias y ha hecho un gran trabajo. Los amantes de la historia antigua de España y de Roma probablemente sepan el destino de esta ciudad celtíbera, pero ello no le resta ni un ápice de emoción a la novela. El propio hilo de la historia comienza con un Kalaitos ya adulto, retornando a su ciudad natal años después del asedio. Porque en eso es experto Agustín, en asedios. Todo comienza con la llegada a Contrebia de un extraño mercader y sus esclavos, que causan una honda impresión en el joven Kalaitos. Poco se hace esperar el ejército del rebelde Sertorio, qu...

Y soñar (con tejos) - Relato corto

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Tejos de Laciana, Villablino. Foto de Elisa Rivero Bañuelos Dicen que no se quiere separar del árbol porque desde allí ve el cielo, que los días ventosos es azul. Se asoma por su tronco herido y estira el brazo muy arriba, hacia la chimenea de madera. Como si tratara de rozar la última estrella que se despide por la mañana si amanece claro. Cuentan que llegó con una excursión, buscando osos, y que en medio del bosque le visitó la locura. O quizá fue un duende o una xana el que le robó el seso. Pero yo sé que no. Dicen que un árbol que cae en el bosque no hace ruido si no hay nadie para oírlo, y ahora está ella para escucharlo todo. Escucha el cortejo del urogallo en los claros más profundos y el caminar tranquilo del busgosu cuando la niebla tiñe el valle de sueños suspendidos. Se duerme con la canción eterna del torrente que acaricia las raíces del árbol, de su árbol. Y sueña con un bosque interminable. Cuentan que no hubo forma de sacarla de allí, ni por razón ni a la fuerza. Como si...